sábado, 15 de junio de 2013

Reseña: El lugar donde todo termina


Derek Cianfrance, director del agridulce romance “Triste San Valentín” vuelve con un drama hipnótico que retrata la voluntad de superar tragedias familiares a pesar de un panorama adverso. Un círculo violento que amenaza con repetirse generación tras generación, así como la ausencia y búsqueda de la figura paterna en medio de un entorno (humilde o acaudalado) de cualquier forma decadente, pone a prueba a un conjunto de personajes todos ellos víctimas de sus decisiones, acaso ingenuas, pero con terribles consecuencias.


¿De qué trata?
Luke (Ryan Gosling) se gana la vida, o al menos intenta hacerlo, participando en una atracción de motocicletas dentro de una feria itinerante. Como cada año monta su espectáculo en el condado de Schenectady, Nueva York, donde Romina (Eva Mendes), uno de los tantos amoríos que el rebelde motociclista siembra en el camino, lo busca con la intención de informarle que es padre de un varón de apenas tres meses de edad. Esta noticia inesperada cambia la perspectiva de Luke, quien decide sentar cabeza y cumplir con la obligación natural de cualquier padre: proveer seguridad y cariño a su hijo, sólo que el salario mínimo no le permite si quiera cubrir sus necesidades básicas.

Situaciones desesperadas requieren acciones desesperadas, así que Luke aprovecha su talento con la motocicleta para asaltar pequeños bancos. Esta decisión detona la trama de la película que involucra a Avery Cross (Bradley Cooper), un novato que busca ascender como la espuma dentro del corrupto departamento de policía local, pero tras una persecución trágica su vida quedará vinculada con la del asaltabancos para siempre, tanto, que el paso del tiempo se encargará de cobrar factura 15 años más tarde.


Lo bueno
Las actuaciones de Ryan Gosling y Bradley Cooper. Sus nombres impresos sobre los posters promocionales no son simple mercadotecnia barata apegada a los estándares del star system. Desde que la película inicia el peso de la historia recae sobre sus hombros y cuando les corresponde resuelven con talento y soltura las situaciones dramáticas a las que son expuestos. Si bien es cierto que en Luke se asoman similitudes con el misterioso conductor de Drive (Winding Refn, 2011), en esta ocasión su personaje transita por un abanico de emociones mucho más amplio, lo cual confirma en el nominado al Oscar que la estatuilla de la Academia es sólo cuestión de tiempo. Por su parte, el franco ascenso de Cooper es una realidad y no es casualidad que lo haya conseguido en el circuito de películas independientes, que desde hace tiempo ofrece mucho mejores historias y personajes que el comercial.

La atmósfera envolvente que retrata un Estados Unidos deprimido, con el sueño americano desquebrajado y a pesar de ello con la firme intención de cuando menos permanecer a flote, se la debemos al magnífico trabajo de Sean Bobbitt, quien logra acaso una de las mejores fotografías en lo que va del año. Su paleta diluida en colores apagados y hacia el final mucho más cálidos, construye un discurso visual inolvidable.

Por último y no menos importante, una banda sonora apetecible a cargo de Mike Patton. Con lapsos oscuros y transgresores, no impiden conmover en el público sus fibras más sensibles, por ejemplo, el tema “The Snow Angel” o la colaboración de Ennio Morricone con “Ninna Manna per Adulteri” le quiebran el alma a cualquiera.


Lo malo
Construida en tres tiempos, la variación de personajes y situaciones resulta un tanto irregular. Por supuesto que la trama inicial que protagoniza Gosling opaca a los dos tercios subsecuentes aunque mantienen ritmos y tonos dramáticos similares. Claro que los giros inesperados revitalizan la atención del público, pero no logran convencer y encantar tanto como el personaje de Luke lo hace desde el principio. Detalles evidentes sin embargo menores que no afectan severamente al filme en su conjunto.

Conclusión
“El lugar donde todo termina”, resulta en otro contundente triunfo del cine independiente norteamericano sobre la anestesia y autocomplacencia de los grandes estudios de Hollywood. Con un drama arriesgado, un guión sobresaliente, actores que de verdad actúan y la fina dirección de Derek Cianfrance, nos encontramos frente a una película que ocupará, sin duda, un sitio en los anaqueles de la memoria como una de la mejores de este año. ¡Prohibido perdérsela!

Calificación:

Reseña: El Gran Gatsby


Baz Luhrmann no podía volver a las persianas de la cartelera comercial de otra manera que embriagado de pirotecnia, saturado de color, con los decibles a tope y movimientos de cámara fastuosos que cautivan al público con la misma rapidez que los enerva. En este, su quinto largometraje como director, aborda con su irreverencia estética el clásico literario “El gran Gatsby” de Francis Scott Fitzgerald, obra capital de la literatura norteamericana moderna que describe, con prosa elegante, sutil e incisiva, los excesos de una clase social privilegiada con bienes materiales mas no espirituales, durante el ascenso estrepitoso de la unión americana previo al colapso financiero que la derrumbó en 1929.

Se trata, pues, de una de las películas más esperadas de este año: con un reparto actoral de primer nivel, una banda sonora extraordinaria y avances promocionales que prometen un filme superior al promedio acostumbrado ¿Consigue Luhrmann satisfacer dichas expectativas?

¿De qué trata?
Nick Carraway (Tobey Maguire), joven proveniente del medio oeste americano decide avecindarse en West Egg, un pueblo retirado hacia el este de la idílica ciudad de Nueva York para concluir sus estudios universitarios en Economía. Durante el verano de 1922 sus limitadas experiencias de vida dan un giro inesperado cuando se interroga acerca de su misterioso vecino, un tal Jay Gatsby (Leonardo DiCaprio), excéntrico millonario quien no para de organizar fiestas en su mansión un día sí y el otro también. La curiosidad invade de igual forma a Daisy Buchanan (Carey Mulligan), prima segunda de Nick y esposa del atlético y arrogante Tom Buchanan (Joel Edgerton), quienes por coincidencia habitan del otro lado de la bahía, en East Egg.

Entre la insatisfacción de su prima Daisy con su matrimonio y la evidente decadencia social ilustrada por la moral contradictoria de su esposo Tom, el desencanto de Nick hacia un estilo de vida que le resultaba fascinante en un principio se permite una pausa cuando tiene el gusto de conocer personalmente a Gatsby y entablar, acaso, la única amistad verdadera durante el aquel inolvidable verano. Sin embargo, la intención de su carismático vecino desea algo más que la amistad del inexperto Nick e involucra un pasaje trágico en la vida de Daisy Buchanan que la vincula directamente con el pasado y origen de Gatsby.


Lo malo
La imaginería con la que Luhrmann aborda esta adaptación cinematográfica queda marcada por un claroscuro de aciertos y errores resultan en una película por demás irregular. Comenzando por una introducción cargada de exageraciones que buscan despertar asombro en el público espectador y lo único que consiguen es una pasarela de pretextos banales para justificar el uso de un 3D a todas luces innecesario. El ritmo frenético apenas permite un esbozo superficial de los personajes, la estridencia sonora tampoco es de gran ayuda para evocar una novela literaria cuyo encanto radica en la sutileza de los susurros, vamos, que ni revelar la identidad de Gatsby ante la cámara despierta una exclamación de sorpresa mínima a pesar del compás de fuegos artificiales que en vez de subrayar emociones las ahuyenta.

A pesar de todo lo anterior, el mayor conflicto de la película radica en el guión adaptado y el ritmo que imprimieron para contar la historia, cuyo drama aflora una vez que las serpentinas y el confeti se desvanecen en beneficio de los personajes quienes por fin consiguen echar raíces y desarrollar su papel protagónico, arrebatado desde el principio por los efectos especiales. Por desgracia, Luhrmann lo comprende treinta minutos tarde, cuando decide apartarse de su capricho exagerado e imprime un tono más pausado que al no hallar las variantes narrativas necesarias(ritmo), deja la sensación de alargarse de forma innecesaria y ¡ay!, adormilar a los espectadores.

Lo bueno
La actuación de Leonardo DiCarprio, cuando el guión y las excentricidades del director se lo permiten, claro. Si “El gran Gatsby” de Luhrmann llegara a superar la prueba del tiempo sería por dos escenas que demuestran cómo debió ser el resto de la película: el reencuentro de Gatsby con Daisy, acompañados por suntuosos pero delicados arreglos florares en una modesta sala y el sonido tranquilizador de una refrescante lluvia veraniega; y el punto de quiebre que involucra a los protagonistas del triángulo amoroso, en un departamento estrecho sofocado por el sol que irradia una temperatura por encima de los treinta y cinco grados Celsius.

Los únicos detalles que funcionan con la intención original de imprimir una atmosfera contemporánea a la película es el diseño de vestuario, un trabajo impecable a cargo de Catherine Martin quien ya obtuvo el premio Oscar en dicha categoría por “Moulin Rouge!” un filme también de Luhrmann pero de 2001. Tampoco dejen de prestar atención a la dirección artística y decorados que junto con el vestuario deben ser considerados candidatos, incluso favoritos para la temporada de premios del año entrante.

Por último la banda sonora, de innegable calidad artística que generalmente brilla más separado de las escenas y secuencias que musicaliza durante la cinta. Mención especial al tema interpretado por Lana Del Rey “Young and Beautiful”, protagonista de las escenas más memorables de la película, y por mucho, una de las piezas más entrañables del año.


Conclusión
Cualquier concepto estético que en esta película suplique por elogios en cuanto a innovación o trascendencia en la forma narrativa del cine hallará en contra parte una evidente repetición en el estilo característico del director. Luhrmann ha filmado cualquier cantidad de tomas, escenas y secuencias, a través de planos y ángulos similares en sus películas anteriores, con la única diferencia de haberlo hecho mejor. La calidad técnica es innegable sólo que resulta decepcionante que detrás de efectos visuales deslumbrantes, del drama y la tragedia impresa en el texto original ofrezca la verdad muy poco.

Calificación: