viernes, 15 de junio de 2012

Prometheus: Reseña

Por fin llega a México Prometeo (Prometheus), la nueva entrega de Ridley Scott basada en el mítico universo de Alien, película de culto que en 1979 sacudió el género del terror al llevar sus personajes y situaciones hasta los solitarios confines del espacio profundo. Calificada a todas luces como precuela de la catástrofe sufrida por la tripulación del Nostromo, aclaremos que más bien se trata de una carambola sobre el paño histórico que de cierta manera influye, mas no determina, la cuatrilogía que enlista, además de Scott, las visiones de James Cameron, David Fincher y Jean-Pierre Junet.

La cinta, en primera instancia, atiende las interrogantes surgidas a partir del origen y destino del "Jinete Espacial", el fósil extraterrestre que despierta la inquietud de Ellen Ripley y compañía, así como los huevos en gestación abordo de la nave alienígena. Objeto central de varios detractores que consideran innecesario rendir cuentas sobre los misterios que envuelven el discreto encanto de Alien, no obstante, es de sabios reconocer que nadie tiene mayor derecho sobre la obra que el creador original de la misma. Ridley Scott corre el riesgo de apuntalar la mitología Alien, pero ¿sale avante en su apuesta 33 años después?



Tras ser testigos de una de las introducciones más memorables de los últimos años, que abarca desde la decadencia de una civilización que se entiende como suprema, hasta la simplificación de la vida en sus elementos más básicos, el inicio de la aventura nos sitúa en el vínculo más próximo con los orígenes del ser humano sobre la Tierra: cavernas que hospedaron a nuestros ancestros y donde inmortalizaron con pinturas rupestres el entorno en el que se desarrollaron. En este tenor, los arqueólogos Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) y Charlie Holloway (Logan Marshall-Green) han reunido suficiente evidencia contundente como para postular La Hipótesis que podría descifrar el verdadero origen de la especie humana: una invitación estelar para citarnos con nuestros creadores, un encuentro con los dioses, a quienes han decidido llamar, como buenos científicos ateos, "Ingenieros".

Ubicados en el año 2093, la nave espacial "Prometeo" está a punto de llegar al sistema solar que las civilizaciones antiguas reconocían en sus códices, pinturas, estelas, como divino. El avance tecnológico hace posible que el ser humano alcance las estrellas, así que la corporación privada Weyland decide financiar la expedición, según dice, con motivos puramente científicos. Apunto de aterrizar y hacer contacto con el origen mismo de la especie humana, la nutrida tripulación del "Prometeo" (en comparación con el "Nostromo") reconoce que cada tripulante forma parte de la misión con fines personales, opuestos al concepto de bien común. Ya sea el robot ¿Androide? David (Michael Fassbender) bajo las órdenes de su creador humano, pero motivado quizá por la curiosidad de conocer al creador de su creador y su deseo de emancipación;  Meredith Vickers (Charlize Theron) encargada de velar por los verdaderos intereses de la corporación Weyland; o uno que otro mercenario ocupado de recibir a tiempo su recompensa monetaria.



El misterio que encierra la luna LV-223 posiblemente satisfaga los sueños de algunos y decepcione los de otros, sin embargo, las repuestas que esta visita histórica interplanetaria resuelva, nunca superará las interrogantes que alimenta: desde la confirmación de la teoría de la Panspermia de Oparin, el derrumbe de la Evolución de las Especies de Darwin, hasta la recapitulación de la Música de las Esferas propuesta por el mismo Pitágoras. Mejor aún, la posibilidad de que aquello que hasta ahora concebimos como Dios, se trate, en efecto, de un ser superior... pero mortal. En consecuencia, "Prometeo" acierta al evitar encadenar respuestas y soluciones una tras otra hasta dar con la clave que lo resuelva todo. Mejor aún, con el paso del tiempo nos hundimos más y más en el inmensidad de nuestra ignorancia justo cuando nos sentíamos a sólo un paso de la divinidad.

En contraste con la persistente claustrofobia en Alien, Ridley Scott apuesta en Prometeo por una constante paisajista, de espacios abiertos, iluminados e incluso de atmósferas respirables. Sin embargo, y a pesar de cualquier síntoma optimista por considerar al ser humano como algo especial en el universo (dominio de la tecnociencia), auspicia generosamente el toque fatalista (nihilista, si gustan) que cualquier ficción futurista requiere para resultar creíble. Basta con identificar las motivaciones de la tripulación para advertir el triunfo aplastante del capital privado sobre los estados nacionales al monopolizar el conocimiento humano. En este caso, la misión Prometeo trata de la vanindad humana en busca de trascender la condición mortal que nos aqueja, pero no dilata mucho para que la prioridad de los viajes espaciales (Nostromo) se convierta en importación de materias primas, agotadas en nuestro planeta.



El triunfo sobre el cual no cabe discusión alguna, es el audiovisual. La textura orgánica que muy pronto se percibe en la pantalla se debe en gran medida al trabajo artesanal detrás de la producción y rodaje de la cinta. Para tal efecto, se echó mano de los Estudios Pinewood en el Reino Unido, incluyendo el Foro 007 que mide 5 mil 500 metros cuadrados, sobre los que se montaron los escenarios paisajistas que involucran, por supuesto, el interior y exterior de la nave alienígena. El espectador agradece este lujo de filmar lo que Scott llama "lo auténtico". No hace falta quebrarnos la cabeza pensando acerca del tiempo que tomó el rendering de cada escena, sino fascinarnos con la idea de que aquellas naves alguna vez existieron físicamente.

Sin duda, Prometeo debe disfrutarse en la mejor sala que se encuentre a disposición. Si desean experimentar por vez primera la pantalla IMAX o la inmersión sensorial del 4DX, ahora es cuando. Los 7.1 canales de audio envuelven el auditorio al grado de hacerlo partícipe de la aventura. Sobrio pero eficiente uso de la tecnología 3D, estamos, técnicamente hablando, de una película impecable.



Aquellos que se detengan en los detalles finos de la historia que impiden, según algunos críticos especializados, convertir a Prometeo en un clásico, definitivamente se prohíben de disfrutar el regreso de Scott a la ciencia ficción de peso, la misma que te perturba durante semanas y ocupa de interrogantes tu pensamiento. En conclusión, tres décadas más tarde, Ridley Scott moldea la arcilla sobre una pieza de culto para muchos intocable, pero que en manos del maestro artesano que le dio forma original desde el principio, no nos resta más que agradecerle porque el fuego divino fluya de nueva cuenta sobre la pantalla grande y reconozca en las estrellas nuestro origen y en ellas nuestro destino.

domingo, 3 de junio de 2012

Game of Thrones end season: ¡Los marginados heredarán el Trono!

Esta noche finaliza la segunda temporada de la aclamada serie de corte fantástico, Game of Thrones. El sitio de honor, antes reservado para eventos deportivos y show bussines, reconocen en las series de televisión, sea drama, comedia o musical, un digno competidor en la carrera por los niveles de audiencia que desde siempre ocupan y preocupan a la industria de la televisión.




Conforme la hora marcada se acerque, el ruido generado en torno a la emisión del capítulo final sorprenderá a propios y extraños. Y no es para menos. En medio de una crisis financiera que no tiene para cuando ofrecer tregua, la narrativa extraviada en la vida de millones de personas que la están pasando mal, hallan refugio en historias que por muy fantásticas que parezcan, se vinculan con nuestra realidad mucho más de lo que imaginamos.

Contrario al lugar común de clasificar el género fantástico como un escape inmaduro de la realidad, o bombardear desde una postura elitista injurias hacia la cultura pop, mainstream, huérfana de valor crítico y artístico, Game of Thrones no sólo reivindica el universo de lo imaginario, sino que además derrumba mitos en torno al muro que alguna vez dividió al arte del entretenimiento.





No en vano surgen opiniones que alaban el gran nivel de ficción producida para en televisión en la actualidad, sin ir más lejos, el Departamento de Educación de EU afirmó que ver un solo capítulo de la serie de TV británica Downton Abbey equivale a leer un libro entero. Game of Thrones, además, pone en tela de juicio la supremacía europea sobre la estadounidense en materia de calidad televisiva. Antes de apresurarnos a proclamar una nueva era dorada para la pantalla chica, debemos agradecer que la televisión, cuando menos, vive un renacimiento creativo después de que más de uno vaticinara su agonía desde los inicios del siglo XXI.

La superproducción de HBO, basada en la saga literaria de George R. R. Martin, ilustra con maestría un mundo paralelo que en más de una ocasión ata cabos con el mundo real, lo que a su vez genera un estrecho vínculo entre los personajes, la audiencia y su entorno. Cargada de intriga, drama, traiciones, magia y supersticiones, la primera temporada transmitida durante el 2011, muy pronto transformó el interés de algunos en devoción de muchos.

Con un ritmo narrativo que alimenta el suspenso con cada entrega, la trama poco a poco se deslinda de fórmulas probadas que definen de antemano héroes y villanos, que premian las virtudes y castigan los defectos. De tal suerte, el linaje Real de los protagonistas que les supondría un estado de privilegio, de pronto se muestra como una fuente interminable de conflictos y desdichas. El cuento de hadas sepultado en la ingenuidad de los inocentes: adiós a las fábulas de reinos prósperos, eternas primaveras y finales felices. Game of Thrones invita a la fantasía no como ejercicio de distracción sino como un llamado de alerta; nos recuerda que por muchos días soleados, el invierno, tarde que temprano, llega.

La íntima relación entre personajes y televidentes nace precisamente de esta ruptura estructural del relato. Los grandes momentos que han marcado la historia del Juego de Tronos no provienen de actos heroicos súper humanos, tampoco de hazañas individuales que enaltezcan la fuerza física, mucho menos por intervención divina a favor de algún reino. Los momentos épicos quedan inmortalizados por frases cortas que exaltan la pasión, astucia, crueldad, avaricia, lealtad e inteligencia contenida en cada personaje, que además lo significa.

Mejor aún, las acciones memorables provienen de aquellos personajes que no contaban con credenciales propias de un partido desequilibrado, cuya única regla es dictada por la supervivencia del más fuerte. Por fin los marginados cuentan con la oportunidad de brillar en primer plano ¡y se lucen! Los bastardos, desterrados, la escoria condenada a la eterna servidumbre rechaza su destino y construye a través de la voluntad, su propia historia.




Por un lado tenemos a Jon Snow, hijo ilegítimo de Eddard Stark, Rey de Invernalia, que renuncia a su pasado noble para sumarse a las filas de la Guardia de la Noche, en el Muro del norte. Desde ahí afianza lazos de amistad y lealtad que difícilmente encontraría al interior de los Siete Reinos.

Ultramar, Daenerys Targaryen, heredera legítima al Trono de Hierro, e incansable forastera, deambula en medio de la nada en busca de revancha. Tras ser intercambiada como simple mercancía por su hermano Viserys, más tarde se revela como el legendario “Principe Prometido” de la casa Targaryen. Su determinación inspira y lo sabe al pronunciar: “No soy una mujer ordinaria. Mis sueños se hacen realidad”.

Por último y no menos importante, “el enano” Tyrion Lannister. Su madre murió después del parto. Víctima del desprecio de sus hermanos mayores: Cersei Lannister, Reina Regente y Jaime Lannister, “el Matarreyes”, Tyrion se percata que la única ventaja con la que cuenta, además de haber nacido en una familia noble, es su mente, así que se dedica a educarla a través de la lectura. También conocido con el mote de “mediohombre”, no dilata en demostrar que su persona vale por miles, el reto es demostrárselo a su padre Tywin Lannister.




En concreto, Juego de Tornos se convierte en un tratado sobre la administración del Poder, desde el ascenso para conseguirlo, el temple para conservarlo y el coraje para defenderlo. El conflicto, propone R. R. Martin, no es que el Poder corrompa, sino que frecuentemente cae en las manos de sujetos ineptos que no tienen la menor idea de cómo usarlo, los asusta y terminan abusando de él. ¿Les suena?

La promesa tácita de que los excluidos heredarán el mundo, es lo que llena el vacío narrativo que actualmente aqueja el plano llamado realidad. De tal forma, resulta trascendente que las audiencias (ahora mundiales) estén pendientes el próximo domingo de triunfos arrebatados, glorias perdidas, y reconozcan en los marginados de los Siete Reinos certeza de un horizonte justo, sutil detalle donde la épica fantástica, a diferencia de nuestra realidad, no falla.

Una colaboración para la sección Televisión del portal Monsters&Geeks