martes, 22 de febrero de 2011

El Ilusionista (L'Illusionniste) de Sylvain Chomet

París, 1959. Las persianas de carpas, teatros y escenarios de ocasión iluminan el bullicio nocturno, sucede que el nivel de incandescencia no corresponde con el ánimo de un público escéptico, incapaz —o incapacitado— de asombrarse con un ilusionista que a pesar de los años se aferra al arte de su oficio, alguna vez motivo de reflectores y aplausos. Un conejo en la chistera, que tal pañuelos convertidos en ramo de flores o un mazo de naipes al aire. Nada. Unas cuantas palmas fingidas, adiós, gracias por participar.


Así comienza el segundo largometraje de Sylvain Chomet, animador y director de cine que en el año de 2003 conquistó la audiencia internacional con su primer largometraje The Triplets of Belleville. Heredero de la gráfica realista propia de la historieta franco-belga (bande dessinée), Chomet adereza esta tradición impresa a través de la animación, proceso que dota de movimiento a imágenes y dibujos, virtud que dichos objetos no poseen por sí mismos. Advertimos entonces que tanto el protagonista como el director comparten un don común que los vincula de principio a fin: ambos son, de cierta forma, ilusionistas.

Al saberse excluido, Tatischeff, el protagonista, elige el camino natural de la emigración, parte hacia el norte con la firme intención de subsistir en un mundo que se empeña en opacarlo, no obstante, lejos de mejorar, su situación empeora. Esto no lo detiene, si las grandes ciudades prescinden de sus servicios, en algún lugar por remoto e insignificante que parezca, allí el espectáculo debe continuar.

Es así como arriba a un modesto pueblo escocés, de habitantes que se sorprenden por 'el milagro' de la luz eléctrica y el placer de rodar sobre la hierba fresca, tierra fértil donde su espectáculo arranca más de una sonrisa sincera. Es ahí donde se cruza con Alice, humilde jovencita de bajo perfil que anhela ir más allá de las fronteras que la confinan. Cautivada por el talento de Tatischeff, sabe que su oportunidad de aventura —tal vez la única— ha llegado y no duda en aprovecharla. ¿Qué puede salir mal en compañía de un verdadero mago, idéntico al de los cuentos de hadas?


La parada final es Edinburgo, Escocia, ciudad en la que nuestro ilusionista, ahora emparejado con su cómplice en fuga, apuesta su última carta. Se hospeda en una posada de mala muerte habitado por colegas de pura cepa: trapecistas, payasos, ventrílocuos; todos al igual que él, padecen el olvido del público y se ahogan en recuerdos de viejas glorias. La magia pronto se agota y la angustia crece en el espectador (mal acostumbrado por las obras clásicas de Walt Disney) al atestiguar que la solución fantástica opta por no presentarse en escena.

Tras bambalinas
El origen de L'Illusionniste se remonta a un guión escrito pero no publicado del francés Jacques Tati, reconocido como uno de los más grandes cómicos del séptimo arte, sobre todo por dos emblemáticas películas en las que dirige y actúa: Día de Fiesta, (1949) y Las vacaciones del Sr. Hulot (1953), precisamente éste último personaje es el que inspira a Tatischeff, y lo confirma el filme al confrontarlos, cara a cara, en un cameo memorable.

El objetivo de Tati con este guión era rodar una película de imagen real al lado de su hija, pero nunca le fue posible realizarlo. Cuando Sylvain Chomet se encontraba produciendo su primer largometraje, acudió a Sophie Tatischeff (hija de Tati) con el fin de obtener el permiso de incluir en las Trillizas de Belleville algunos fragmentos de la cinta Día de Fiesta. Fue entonces que Sophie decidió que Chomet filmara el guión en formato animado, ya que no deseaba que ningún otro actor interpretara el papel de su padre.


La naturaleza silente del humor de Tati también se ve reflejado en la dirección que Chomet imprime en su obra, desde su debut quedó claro que sobre los diálogos no descansa el pilar central narrativo; en este caso, a pesar de que son tres lenguas las que concursan en la travesía del infortunado mago (francés, inglés y gaélico), ningún subtítulo o acotación escrita es necesaria para comprender cabalmente el sentido de cada escena. En contraste, el lenguaje no verbal así como la música, determinan la intención y significado de cada instante.

¿No más magia?
La premisa de la película en más bien oscura, melancólica. Sin embargo, es preciso reconocer que tal conclusión es producto de un error semántico: la ilusión no es sinónimo de magia. Tatischeff cual veterano del oficio lo tiene claro, pero Alice, apunto de abandonar su niñez e iniciar su camino hacia la madurez ¿está consiente de ello? Por un tiempo no parece que así sea, el truco del centavo detrás de la oreja es suficiente para ella, aunque no dilata en percatarse que una moneda no es gran cosa. Tal situación evoca por momentos la interpretación de Leslie Caron como Lili en la película homónima de Charles Walters (1953).


El mutis asecha todo el tiempo, mantiene la tensión dramática a través de una interrogante, voraz pero sensata: ¿Cuándo llegará el piadoso golpe final? Tatischeff presiente que está muy cerca por lo que decide formular su último gran acto, su testamento, en la persona de Alice. Tomando en cuenta el trabajo —ácido, desencantado— del director finlandés Aki Kaurismäki, Chomet se apega al guión sombrío redactado por Tati y facilita la puesta en escena final, clausurando cualquier posibilidad de retorno a los años de gloria ya olvidados.

Si al principio relacionamos al director con el protagonista en tanto ilusionistas a partir de su respectivo oficio, al final, identificamos más semejanzas que en primera instancia se mantenían ocultas, como la idea de anteponer el arte al dinero o cualquier otro bien material; dignidad y orgullo por hacer lo que deseas a pesar de la adversidad.

Jaques Tati padeció las inclemencias de dichas circunstancias y hacia el final de su carrera la bancarrota fue su principal obstáculo en su intento por seguir filmando. Por su parte, uno pensaría que todo es miel sobre hojuelas para Sylvain Chomet; todo lo contrario, en el 2004 fundó en Edinmburgo, Django Films, un estudio de animación propio con la aspiración de abrirse campo en el mundo cinematográfico, que al día de hoy no existe más por falta de financiamiento. Todo indica que la realidad es igual que siempre: el arte como el crimen, nunca pagan.

Ficha Técnica:
Dirección: Sylvain Chomet; Guión: Jaques Tati, Henri Marquet, Sylvain Chomet; Producción: Bob Last, Sally Chomet; Música: Sylvain Chomet; Distribución: Warner Bros. /Pathé, Sonny Pictures Classics; País: Reino Unido, Francia; Año: 2010; Duración: 80'

viernes, 11 de febrero de 2011

Festival Ambulante 2011

Hoy inició el recorrido a través de la Ciudad de México del sexto Festival Ambulante 2011, que en esta ocasión ofrece un total de 80 documentales provenientes de 27 países y clasificados en 9 categorías temáticas, entre las que destacan: Dedazo, nueva sección que reúne los documentales más celebrados por la audiencia nacional e internacional; Pulsos, apartado que impulsa la más reciente producción de cine documental mexicano; Injerto, obras de corte experimental bajo la curaduría intitulada Constelaciones del lenguaje, y Sonidero, las corrientes musicales más diversas e innovadoras que abarcan propuestas de contenido político hasta estruendosos conciertos protagonizados por fanáticos iracundos.

La inauguración se llevó acabo anoche en la Plaza San Jerónimo, una más de las zonas remozadas con el fin de que la población recupere el espacio público del primer cuadro de la ciudad. La apertura estuvo a cargo del actor/director Diego Luna, Inti Muñoz Santini, director general del Fideicomiso del Centro Histórico además del Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubon:

video

Del 11 al 25 de febrero el Festival Ambulante ofrecerá más de 100 funciones en 48 sedes ubicadas a lo largo y ancho de la Ciudad de México, de las cuales un 80% serán de acceso gratuito (excepto Cinépolis y Cineteca Nacional). Después, el el festín de documentales continuará su viaje por el interior de la república, con escalas en 10 ciudades más, tales como Cuernavaca, Puebla, Morelia, Hermosillo, Xalapa, Guadalajara, Monterrey, Oaxaca, San Cristóbal de las Casas y finalmente Tijuana.

Para mayor información sobre las funciones en tu ciudad, consulta la pagina oficial de Ambulante.