sábado, 24 de abril de 2010

Kokoro, de Natsume Soseki

Nunca es tarde para recomendar una lectura que concluí hace apenas dos semanas. Se trata, precisamente, de Kokoro, obra cumbre de Natsume Soseki (1867-1916), uno de los escritores más importantes de Japón. Fue a partir de los títulos literarios adaptados en el anime Aoi Bungaku (Literatura Azul), que decidí acudir a las fuentes originales que fungieron como inspiración para la serie, por cierto, una de las mejores de 2009 que incluí en mi ranking personal del año pasado.


El título de la novela, polisémico, se refiere al lugar hipotético por el que fluyen las ideas, el pensamiento y las emociones; es por ello que también resulta válido traducir kokoro como 'mente' o 'corazón'. No obstante, la esencia pura del significado, más allá de cualquier explicación escrita, se devela una vez que el lector recorre los párrafos finales y reflexiona acerca de la experiencia de vida que propone, con sobriedad y elegancia, el propio Soseki.

La historia se desarrolla durante la etapa final de la era Meiji (1867-1912), aquella donde Japón decidió abrir sus fronteras al desconocido, pero aventajado, occidente. El prominente futuro que la modernidad ofrecía, tuvo antes que sortear obstáculos cimentados en un sistema social fuertemente arraigado, en el que el derrumbe de las tradiciones representaba poco menos que la muerte y la deshonra. Es en esta encrucijada que el sentido de individuo cobra sentido y trascendencia por lo que se opone a la unidad del grupo en busca del bien común.


La novela se compone de tres capítulos: Sensei y yo, Mis padres y yo, y el Testamento de sensei, en los cuales 'Yo', un estudiante universitario, narra su vínculo con un personaje mayor que él a quien decide nombrarlo sensei: "Yo siempre le he llamado sensei. Por eso, aquí también escribiré sensei sin revelar su verdadero nombre. Y ello, no porque desee guardar el secreto de su identidad ante la sociedad, sino porque me resulta más natural. Cada vez que su recuerdo me viene, enseguida siento el deseo de decir sensei. Y ahora, al tomar la pluma, siento lo mismo…".

La figura de 'sensei' proyecta un pasado sombrío, envuelto por un halo de misterio, que de enfrentarlo ante la luz pública, explicaría el porqué de su retiro voluntario de la sociedad. Vive acompañado de su esposa y al amparo de una herencia que no les permite lujos, pero sí un grado de afortunado desahogo. El espolón con el que afrenta cualquier intento externo de quebrantar su círculo de soledad se describe a continuación: "Aquellos saludos tan secos y actitudes tan frías no eran en realidad expresiones de rechazo o disgusto para alejarme. Eran formas de advertirme que no merecía la pena acercarse a él porque era una persona sin ningún valor".


La compleja psicología que brinda identidad y autonomía a los personajes, refuerza la idea del individualismo, apuntado previamente. Con ello, además de una trama debidamente estructurada, Natsume Soseki inaugura el género de la novela moderna japonesa. Su importancia y trascendencia es tal, que sus textos adquieren el carácter de obligatorio en los programas básicos y profesionales del modelo educativo japonés.

Adaptación al anime
Después de aplaudir y valorar como se merece a la antología producida por el estudio Mad House, concentremos nuestra atención en Shigeyuki Miya, director, guionista y diseñador de personajes de la adaptación correspondiente a la obra de Soseki, que pese a su juventud y considerable experiencia, nos ha brindado un derroche destacado de talento creativo, incluso a la hora de añadir pasajes inéditos en el texto original.


La adaptación animada se limitó al Testamento de sensei, último capítulo de la novela en el que se describe a detalle el origen del autodesprecio por parte de sensei. Aparece el triángulo amoroso que protagonizó junto a K, amigo y colega en la universidad y Ojoosan (señorita), hija de la casera que le rentaba un cuarto de alojamiento.

La historia se dividió en dos capítulos, correspondientes al 7 y8 de la serie antológica. Pese a las restricciones que supone ajustarse al metraje disponible, apenas 44 minutos, la síntesis narrativa logró capturar la esencia de la obra original, objetivo central de cualquier adaptación. Al adoptar el punto de vista subjetivo como eje conductor, Shigeyuki Miya reflejó la intención de individualismo presente en la novela: ¡nada más personal e íntimo que la cámara subjetiva para capturar las ideas y emociones de los protagonistas!


El segundo acierto es la confrontación a partir de las versiones de cada uno de ellos. Sensei evoca una atmósfera veraniega, en el que prevalecen colores vivos, intensos, siempre acompañados de un azul radiante, contrastados en todo caso por los nubarrones grises. En cuanto a K, la situación se torna más visceral y melancólica. Domina la coloración parca que contagia un estado de ánimo tormentoso; lo único que ilumina la pantalla es el candor irradiado por Ojoosan, así como las consecuencias de sus intervenciones.

Pero Shigeyuki va todavía más allá, al incluir en la narración visual elementos simbólicos que exigen una observación minuciosa de ambos casos. La palabra Aoi, en caso de utilizarse para nombres propios puede significar, además de azul, malva o girasol. La flor que predomina en el capítulo 7 es la malva, violeta, aparece en distintos motivos ya sean naturales u ornamentales; en el episodio 8 es el girasol, amarillo, que se antepone a las malvas, esta vez marchitas. Por supuesto que las flores significan a Ojoosan en la mente y corazón de los protagonistas. De allí que al principio de la reseña catalogué al título de la novela como polisémica, y me alegra saber que Shigeyuki Miya también lo haya considerado.

Natsume Soseki, Kokoro, Madrid, Editorial Gredos, traducción de Carlos Rubio, 2003, 336 páginas.

miércoles, 14 de abril de 2010

Esquizofrenia

La nueva temporada de Esquizofrenia, programa de televisión que se aboca a explorar la apropiación de la cultura musical entre los jóvenes (de corazón), fue presentada la noche del pasado 12 de abril en la Cineteca Nacional, al sur de la Cd. de México. Gabriel Santander, productor de esta serie de corte documental, precisó algunos de los temas a tratar en esta nueva entrega, entre los que destacan: moda y rock, las Yoko Ono de la música, además de una sugerente complacencia hacia parte de su audiencia con gay music, suerte de articulación musical que retrata la forma de vida esta comunidad que también cuenta con su particular estilo de vivir la música.

Alternaron en la presentación el rockero urbano Charlie Monttana y la agrupación de Rockabilly los Rebel Cats. El novio de México celebró que existan programas como el de Esquizofrenia: originales, sin tapujos; que retraten la realidad musical al margen de emisoras, que obedecen a reglas comerciales y hacen a un lado varios géneros underground. Por su parte, los gatos rebeldes agradecieron el apoyo que les ha brindado el programa para expandir el género rockabilly, situación que en los medios mainstream no sucede.


Confieso que desde sus primeras emisiones Esquizofrenia me atrapó. Por increíble que parezca, aún cuando existen canales de TV especializados en la industria musical, privados y con un capital de producción considerable, sea precisamente la televisión pública, tantas veces menospreciada, quien demuestre una forma distinta y creativa de retratar el consumo y apropiación de la música, no sólo en zonas urbanas como la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, sino que también lo suburbano, lo fronterizo, lo contestatario, cuenten con un espacio equitativo, temporada tras temporada.

El programa ha volteado, incluso, hacia el universo otaku. Recuerdo con alegría la investigación (sí, porque se nota el conocimiento de causa en los guiones literarios) enfocada en la música para videojuegos, o el movimiento del Visual Kei en México. Ahora que alguien me diga ¿Quién más se había molestado en abordar dichos temas en la televisión? ¿Notan entonces el valor cultural y político, -¿por qué no?- que Esquizofrenia aporta a la pantalla abierta nacional?

Para quienes todavía no han tenido el gusto de sintonizarlo, la nueva temporada arranca el próximo viernes 16 de abril a las 21:30 hrs. por Canal 22, un clásico referente de este blog.

domingo, 11 de abril de 2010

Heroman

El anuncio de que Stan Lee se adentraría en el universo de la industria anime, aquella misma alguna vez catalogada como simple moda pasajera, representó el choque de dos mundos rara vez unificados. No obstante, los antecedentes dan cuenta de algunos concilios sobresalientes germinados en el fenómeno de producción denominado americanime, de cuyo seno surgieron exponentes de la talla de Avatar, the Last Airbender, o Kappa Mickey, suerte de concepto que armoniza el contraste estético (y narrativo) entre la animación norteamericana y japonesa.

El escepticismo acumulado por los aficionados llegó a su fin justo en el comienzo de la temporada primaveral de 2010, con el estreno casi simultaneo de Heroman en la televisión japonesa y en el portal gratuito/legal de anime Crunchyroll. Muchos auguraban el tropiezo de un grande con un concepto débil, desalineado; sin embargo, bastó el metraje del primer capítulo para disipar la niebla, producto de las especulaciones, y conducir a los espectadores hacia la iluminación que sólo la maestría de la experiencia puede irradiar.


Sinopsis
Joey Jones, huérfano pre adolescente, vive con su abuela y además labora medio tiempo como ayudante en un local de comida rápida. Su desempeño académico es sobresaliente, mantiene un perfil más bien bajo que no le impide, sin embargo, entablar amistad con algunos de sus compañeros, sobre todo Lina, porrista que juega el rol de la chica enamorada del protagonista. Joey sueña con obtener un Heybo, el robot con los mejores mecanismos de la tecnología más avanzada, pero su condición precaria lo obliga a aceptar la realidad de que nunca contará con uno en toda su vida.

Matthew Denton es quien estimula el potencial de Joey, incluso fuera del horario oficial. De hecho, la obsesión del profesor por entablar comunicación con extraterrestres es la ruptura que desencadena la trama de Heroman, ya que una de las tantas transmisiones hacia el espacio es captada por una tripulación alienígena que de inmediato rastrea el origen de la señal.

Debido al egoísmo de sus compañeros, Joey consigue rescatar del basurero un Heybo destrozado. Confiado de sus habilidades y conocimientos decide restaurarlo de pies a cabeza, lo que evidencia que la tecnología más avanzada de la humanidad se reduce a pegamento y piezas lego. Con ciertas modificaciones logra que el robot funcione otra vez, sólo que rebautizado como Heroman. Aunque no lo crean el toque fantástico no reside en la insólita reconstrucción del robot, sino en la descabellada posibilidad de que el cacharro de tuercas y tornillos ¡cobre vida!

Opening Theme: Roulette, intepretado por Tetsuya

Comentario
Ya lo dijo Homero Simpson alguna vez con su infinita e incomprendida sabiduría: "para mentir se necesitan dos personas: una que mienta y otra que crea". En esta ocasión, Stan Lee pone en práctica la experiencia propia de un viejo lobo de mar, la misma que concede la capacidad de trasformar en posible lo inverosímil. Y es que incluso la banalidad merece ser narrada lo mejor posible, y Heroman es el claro ejemplo de ello, porque por más ridícula, simple y llana que resulte la sinopsis anterior, dosificar correctamente la forma, el modo, el ritmo de una historia desde la toma como unidad básica hasta la complejidad narrativa de la secuencia, sólo es posible a través del talento y de saberse conocedor y dominador de lo que el mismísimo Will Eisner denomina arte secuencial.

No olvidemos que el origen profesional de Lee proviene de los storyboards de cómics, mas tarde como escritor de argumentos, bases fundamentales para comprender los principios narrativos que sin ningún problema pueden saltar del papel al celuloide. Otro aspecto que suma credibilidad es el impecable detalle gráfico, logrado por el estudio Bones (Eureka Seven, Darker than Black), evidencia de cómo deben montarse las colaboraciones entre oriente y occidente siempre y cuando cada cual se desenvuelva en el área que domina, y estamos de acuerdo que el nivel técnico alcanzado por los estudios de animación japoneses es impresionante.

Ending Theme: Calling, intepretado por Flow

Heroman es una lección de cómo la vieja escuela rinde frutos nuevamente. Clásico, conservador si así prefieren, el hilo conductor no pretende ir más allá de los cánones preestablecidos para un relato fantástico. No esperen monólogos existenciales ni complejos tratados de inteligencia artificial. Lo que dignifica esta producción es la claridad de su objetivo, jamás traicionado por pretensiones fuera de lugar, que mancharían la sinceridad con la que fue concebida desde el principio.