"Si he de ser estafado al menos que sea por el mejor". Esta fue mi firme consigna antes de acudir, siempre escéptico, al llamado de la nueva era de la cinematografía, perdón, de los efectos especiales. Una era que privilegia al cine antes como negocio que como arte. Con proyección digital 3D y precios 2x, se comprende que la espera de James Cameron para producir una cinta como Avatar no se limitó a la capacidad tecnológica, sino que también aguardó a que la crisis creativa por la que atraviesa Hollywood tocara fondo para vender un relato clásico, tanto como el ABC del drama épico, como la revolución que el mundo ansiaba. Aunque no lo crean, las cifras confirman que lo ha conseguido.

Avatar es una película de contrastes y paradojas. Por un lado impresiona el pulido acabado de las texturas gráficas, resultado del trabajo a tope de 40,000 procesadores y 104 terabyte en RAM, opacadas, únicamente, por el apolillado libreto apegado al canon épico antes citado. Recurre al desequilibrio climático para realizar una introspección catártica de la década reciente en los EUA, a saber 11 de septiembre y las consecuentes invasiones a Iraq y Afganistán; crack económico y la ilusoria esperanza depositada en Barak Obama.
Como en su momento Roland Emmerich redimió la generación de Vietnam, al convertir en mártir de la humanidad a un ebrio-fumigador-excombatiente en Día de la Independencia, Cameron hace lo propio con la camada de Medio Oriente, al proponer un Jarkhead sensible, racional, capaz de comprender formas de pensamiento externas a la propia. Pero incluso va más allá, y actualiza el personaje de Ron Kovic (Tom Cruise), de Nacido el 4 de julio, cinta dirigida por Oliver Stone, con el choise one en turno Jake Sully, marine igualmente lisiado que padecerá objeción de conciencia y guiará la rebelión contra los de su misma especie.

La idea del cuerpo como contenedor, acaso prisión de la mente como evidencia única de identidad tampoco es nuevo, y en cuanto al discurso audiovisual, la animación japonesa lo ha abordado constantemente. Desde Ghost in the Shell (manga, serie y largometraje), Serial Experiments Lain, o Kaiba de Masaaki Yuasa. Sin dejar de mencionar la íntima vinculación entre la mente humana y los artefactos mecánicos, desde Escaflowne con el ritual del corazón de dragón, Macross Plus y la sincronía psíquica con la Valkiria y qué decir de Evangelion y la comunión entre el piloto y la unidad biomecánica.
La transmutación del ser humano a Na'vi es posible gracias a los avances científicos y tecnológicos desarrollados por el intelecto humano, su herramienta más eficaz de autoconservación a pesar de haber corroído su hábitat natural. Como regla general, el valioso conocimiento es generado a partir del capital privado, encarnado en la corporación privada como personaje antagónico del nuevo siglo. De todos es sabido que el objetivo de la inversión no es lograr el bien común, sino el beneficio individual. No obstante, la disyuntiva ética sobre la manipulación genética, no sólo de la especie humana sino de la alienígena, se desvanece ante el rigor científico comandado por la doctora Grace Augustine (Sigourney Weaver). Por tratarse del año 2154 no esperaba menos.

La filosofía existencial de los Na'vi basada en la deidad llamada Eywa, encargada de mantener el equilibrio del ecosistema en Pandora, posee correspondencia terrestre en la hipótesis de Gaia publicada en 1979 por el químico James Lovelock, donde se postula que la vida fomenta y mantiene unas condiciones adecuadas para sí misma, afectando al entorno. Gaia se comportaría como un sistema auto-regulador que tiende al equilibrio. La diferencia radica en que Eywa existe física y tangiblemente en Pandora, mientras que Gaia en la tierra es meramente conceptual.
Si la exótica diversidad de flora y fauna conformadas sobre la superficie de Pandora ha causado una depresión masiva entre los fanáticos más acérrimos, por la incapacidad de trasladarse hasta dicho paraíso, déjenme decirles que han llegado muy tarde a la repartición de Prozac y Valium. Qué sorpresa que la población mundial haya abierto los ojos al triste panorama actual sólo hasta que una película taquillera les ilustrara el inminente desastre que se avecina, cuando muchos otros directores, más allá del blockbuster veraniego, han advertido con antelación de la descomposición climática y social que ya ha hecho mella en varias zonas del planeta.

Si no es suficiente con un planeta ficticio y una que otra nota periodística catastrófica, conviene aclarar que haber producido Avatar nos ha acercado un poco más a la desaparición del color verde de este planeta y alejado otro tanto de habitar junto a los Na'vi. Porque si cada consulta en Internet emite 0.2 gramos CO2 hacia la atmósfera, ¿imaginan la cantidad de gas invernadero generado por los procesadores y memoria RAM para renderizar Pandora? He ahí la paradoja.
Si alguien pudiera acusar de plagio a James Cameron, o al menos reclamar alguna regalía por inspirarlo, es sin duda el escritor argentino Julio Cortázar, en concreto por su cuento "La noche boca arriba", en el que relata sin necesidad de microprocesadores ni proyectores digitales, la convergencia onírica sincrónica entre dos personas que, por sus contextos espacio/temporales particulares, bien podríamos considerarlos como alienígenas entre sí.
Por lo pronto, ya no es ningún secreto que más de 1,500 millones de dólares de recaudación son suficientes para comprar un Globo de Oro, porque al final resulta en la actualidad se premian récords de taquilla más que cualquier otra virtud que el cine pueda ofrecer. La única relevancia de convertir a Avatar en una trilogía es la de ver al planeta Tierra reducido a cenizas.
Avatar es una película de contrastes y paradojas. Por un lado impresiona el pulido acabado de las texturas gráficas, resultado del trabajo a tope de 40,000 procesadores y 104 terabyte en RAM, opacadas, únicamente, por el apolillado libreto apegado al canon épico antes citado. Recurre al desequilibrio climático para realizar una introspección catártica de la década reciente en los EUA, a saber 11 de septiembre y las consecuentes invasiones a Iraq y Afganistán; crack económico y la ilusoria esperanza depositada en Barak Obama.
Como en su momento Roland Emmerich redimió la generación de Vietnam, al convertir en mártir de la humanidad a un ebrio-fumigador-excombatiente en Día de la Independencia, Cameron hace lo propio con la camada de Medio Oriente, al proponer un Jarkhead sensible, racional, capaz de comprender formas de pensamiento externas a la propia. Pero incluso va más allá, y actualiza el personaje de Ron Kovic (Tom Cruise), de Nacido el 4 de julio, cinta dirigida por Oliver Stone, con el choise one en turno Jake Sully, marine igualmente lisiado que padecerá objeción de conciencia y guiará la rebelión contra los de su misma especie.
La idea del cuerpo como contenedor, acaso prisión de la mente como evidencia única de identidad tampoco es nuevo, y en cuanto al discurso audiovisual, la animación japonesa lo ha abordado constantemente. Desde Ghost in the Shell (manga, serie y largometraje), Serial Experiments Lain, o Kaiba de Masaaki Yuasa. Sin dejar de mencionar la íntima vinculación entre la mente humana y los artefactos mecánicos, desde Escaflowne con el ritual del corazón de dragón, Macross Plus y la sincronía psíquica con la Valkiria y qué decir de Evangelion y la comunión entre el piloto y la unidad biomecánica.
La transmutación del ser humano a Na'vi es posible gracias a los avances científicos y tecnológicos desarrollados por el intelecto humano, su herramienta más eficaz de autoconservación a pesar de haber corroído su hábitat natural. Como regla general, el valioso conocimiento es generado a partir del capital privado, encarnado en la corporación privada como personaje antagónico del nuevo siglo. De todos es sabido que el objetivo de la inversión no es lograr el bien común, sino el beneficio individual. No obstante, la disyuntiva ética sobre la manipulación genética, no sólo de la especie humana sino de la alienígena, se desvanece ante el rigor científico comandado por la doctora Grace Augustine (Sigourney Weaver). Por tratarse del año 2154 no esperaba menos.
La filosofía existencial de los Na'vi basada en la deidad llamada Eywa, encargada de mantener el equilibrio del ecosistema en Pandora, posee correspondencia terrestre en la hipótesis de Gaia publicada en 1979 por el químico James Lovelock, donde se postula que la vida fomenta y mantiene unas condiciones adecuadas para sí misma, afectando al entorno. Gaia se comportaría como un sistema auto-regulador que tiende al equilibrio. La diferencia radica en que Eywa existe física y tangiblemente en Pandora, mientras que Gaia en la tierra es meramente conceptual.
Si la exótica diversidad de flora y fauna conformadas sobre la superficie de Pandora ha causado una depresión masiva entre los fanáticos más acérrimos, por la incapacidad de trasladarse hasta dicho paraíso, déjenme decirles que han llegado muy tarde a la repartición de Prozac y Valium. Qué sorpresa que la población mundial haya abierto los ojos al triste panorama actual sólo hasta que una película taquillera les ilustrara el inminente desastre que se avecina, cuando muchos otros directores, más allá del blockbuster veraniego, han advertido con antelación de la descomposición climática y social que ya ha hecho mella en varias zonas del planeta.
Si no es suficiente con un planeta ficticio y una que otra nota periodística catastrófica, conviene aclarar que haber producido Avatar nos ha acercado un poco más a la desaparición del color verde de este planeta y alejado otro tanto de habitar junto a los Na'vi. Porque si cada consulta en Internet emite 0.2 gramos CO2 hacia la atmósfera, ¿imaginan la cantidad de gas invernadero generado por los procesadores y memoria RAM para renderizar Pandora? He ahí la paradoja.
Si alguien pudiera acusar de plagio a James Cameron, o al menos reclamar alguna regalía por inspirarlo, es sin duda el escritor argentino Julio Cortázar, en concreto por su cuento "La noche boca arriba", en el que relata sin necesidad de microprocesadores ni proyectores digitales, la convergencia onírica sincrónica entre dos personas que, por sus contextos espacio/temporales particulares, bien podríamos considerarlos como alienígenas entre sí.
Por lo pronto, ya no es ningún secreto que más de 1,500 millones de dólares de recaudación son suficientes para comprar un Globo de Oro, porque al final resulta en la actualidad se premian récords de taquilla más que cualquier otra virtud que el cine pueda ofrecer. La única relevancia de convertir a Avatar en una trilogía es la de ver al planeta Tierra reducido a cenizas.
Avatar James Cameron Pandora Navi Eywa Gaia













3 comentarios:
A mi me parece una buena pelicula y creo k va a ser trilogia, bueno kuidathe buen blog!!
Muy buena crítica de la peli
Jeje, no me quise hcer de borrego e ir a verla nadamas porque se me insistía constantemente que estaba "uuuii muy buena" "la mejor pelicula de todas", pero cedí, y acabé con un irregular sabor en la boca, sin trascendencia, no vuelvo a gastar en palomitas O_o
Yo la describiría como un bodrio argumental con un muy buen "look".
Para mi Avatar ha sido una buena sorpresa. Por lo general los blockbusters estadounidenses de temática bélica enaltecen o justifican en cierta medida las intervenciones militares (reales o ficticias) correspondientes a su sistema militar. Pero en este caso, al menos a ojos de un servidor, parece que no, y es por ello el agradado hacia el filme, ya que no solo es un festín de efectos especiales –bastante impresionantes como era de esperar- sino también una historia cuyo mensaje esta por fuera del statu quo hollywoodense. Además, es notorio el esfuerzo que Cameron invirtió al diseñar Pandora, sus habitantes y la parafernalia militar, algo que reconozco y agradezco por igual.
Por otra parte, el anuncio sobre una secuela es algo a tomar en cuenta por aquello de una posible reversión al mensaje ya expresado. Pero bueno, dejando ya el futuro de esta saga, si en verdad Cameron tiene planeado sacar una adaptación de Gunnm/Battle Angel Alita después de la secuela de Avatar, espero se esmere igual en su recreación, evitando ridiculizar a nivel visual y de guión a esta obra, que por cierto, en su concepto básico también se aborda la temática sobre el cuerpo como mero contenedor de la conciencia.
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