jueves, 17 de diciembre de 2009

20 años con los Simpsons

Para quienes alcanzamos a vivir un pellizco del siglo XX recordamos cómo la televisión dominaba la tendencia pop de aquella época. El aparato receptor, que ocupaba una suerte de altar privilegiado en el hogar, fue el educador social de muchas generaciones que crecieron frente a la pantalla idiota, la moldeadora de conciencias y un sin fin de acepciones, comprensibles si apuntamos que sólo había 6 canales para sintonizar y 4 eran de Televisa. Escalofriante, ¿no?

Justo por cumplirse la primera década del nuevo siglo, ya me gustaría ver a algún retoño aguantar por lo menos media hora sintonizando el televisor, o que soportara un minuto sin apretujar el control remoto, sin tomar en cuenta, claro, el avasallador rating del TV/Video, enchufado al Wii, 360 y PS3. Contra ellos no hay quien pueda.

Comparación de entradas: Old & New Style!

Creo que fue a principios de 1990 cuando Imevision, cadena estatal que tras la privatización se convertiría en TV Azteca, comenzó a transmitir Los Simpson, en su momento una bocanada de aire fresco que alegraba con demasía la monótona pantalla nacional. Fue como la espuma, no importaba que el puñado de episodios se repitieran una y otra vez, la genialidad de los personajes alegraban cada noche cuando las tareas escolares estaban hechas. Al otro día, el tema de conversación no era otro que el chiste Simpson del día anterior.

Veinte años después, las primeras temporadas de la familia amarilla se reafirman como la evidencia irrefutable de que la creatividad siempre se impone a los recursos presupuestarios. Las raíces sobre las que se yergue la serie animada más exitosa (y longeva) del siglo anterior, proveen tal empuje que al compararlas con las más recientes no queda más que preguntarnos: ¿Que demonios pasó? ¿Cuándo perdieron el rumbo?

Antes que un póster conmemorativo, se trata más bien de un update de todos los personajes de las temporadas recientes. Click! sobre la imagen para superagrandar.

Antes, la beta creativa en cada episodio expulsaba oro molido por cantidades industriales, hoy, si logramos encontrar una pepita de oro entre tanto cliché y lugar común, tan ajeno a los Simpson en otra época, nos damos por bien servidos. ¡Qué calamidad! Ha pasado de la sátira social de una familia de clase media disfuncional a montones de secuencias insulsas acaso hilvanadas con un dejo de conformismo puro.

Celebrar o no, al menos decidí perderme en las remembranzas de lo que alguna vez fue y ya no es.