"Si pudiera renacer, desearía vivir más como un ser humano"
Nada que objetar: con argumentos basados en seis obras clásicas de la literatura japonesa contemporánea; diseño de personajes a cargo de ilustradores y mangakas reconocidos, tales como Takeshi Obata (Death Note), Tite Kubo (Bleach), Takeshi Konomi (Prince of Tenis); además de un estudio consagrado como lo es Madhouse (obligado en cada película de Satoshi Kon), de Aoi Bungaku se puede esperar cualquier cosa, menos duda de acercarse a ella con el temor de salir decepcionados.

Con su estreno tardío, no tanto como esta reseña, justo a la mitad del mes de octubre concluyó la desesperanza por hallar un título que revitalizara el concepto de animación japonesa como medio artístico, más allá de las reglas del mercado que orillan a explotar el fan service hasta niveles ciertamente obscenos, con la crisis económica no es para menos, pero todo en exceso es vicio.
El compendio de adaptaciones inició con Ningen Shikkaku (Indigno de ser humano), del escritor Osamu Dazai (1909-1948). Descendiente de una opulenta familia de terratenientes y décimo de once hijos, Dazai creció entre las atenciones de la servidumbre, apenas con distingo y aprecio por parte de sus familiares más directos. Esta situación poco alentadora propicio su interés por la literatura como un medio de refugio, sin embargo, su talento con las letras no evitó que su vida personal se convirtiera en un completo desastre, apenas matizado después de su boda con Michiko Ishihara, pero incrementado después de la Segunda Guerra Mundial.
En el caso de Shayo (1947) y Ningen Shikkaku (1948), sus novelas más representativas, se aprecia la influencia occidental en su estilo narrativo, sobre todo de Fiódor Dostoyevski, considerado uno de los escritores más grandes de la literatura rusa y universal. Gran parte de la obra literaria de Dazai contiene referencias autobiográficas, como la relación distante con su familia, la incapacidad de adaptarse en la sociedad y su obsesión con la muerte a través del suicidio.

"Mi vida fue tan vergonzosa. Para mí, me fue imposible comprender la forma de vivir de un ser humano". Es así como Oba Youzou se refiere a sí mismo en torno a un mundo desconocido, toda vez que resuelve la incomprensión mutua hacia la sociedad humana con la conclusión de que él no es humano sino un demonio, y como tal, debe desaparecer de la faz de la tierra. Incapaz de mostrar sus verdaderos sentimientos, el demonio vividor, estafador e incluso asesino, aprendió a disimularlos, a fingirlos; mostrándose ante los demás con máscaras (dialéctica de la soledad) que le permitieron más o menos encajar en el engrane social.
Sin embargo, todo llega a un límite cuando Youzou no puede contener por más tiempo su verdadera identidad acaso confinada en un cuerpo que jamás le ha pertenecido. Es momento de terminar con todo y es así como inicia la ruta de despedida. Sus constantes fracasos por conseguirlo, ¿mencioné que no tiene ningún talento?, provoca que más mujeres se involucren en su torbellino autodestructivo.
Comentario
Con dirección, fotografía y música destacadas, así como algunas secuencias dramáticas para ponerse de pie, Ningen Shikkaku inaugura de la mejor manera un banquete visual inédito, mucho mejor logrado que el intento más reciente de adaptación literaria con Genji Monogatari a principios de año. Con tres episodios emitidos, las restantes novelas prometen comportarse a la altura de la serie antológica, cada una por supuesto, enriquecida con la esencia de escritores con talento comprobado, tanto como para considerarlos clásicos contemporáneos.
Otro buen ejemplo de cómo es posible incentivar la lectura a través de productos audiovisuales, tantas veces señalados como la principal causa de atrofio mental y distanciamiento de conceptos culturales, si nos atenemos a la visión de la Teoría Crítica sobre alta y baja cultura, claro está. ¡Una serie que no puede faltar en la agenda de esta temporada!
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