sábado 27 de diciembre de 2008

When Borat came to town

En el otoño de 2006, Borat Sagdiyev, el segundo mejor periodista de la honorable nación de Kazajstán, estrenó en salas de proyección el primer falso documental dramatizado. Con éxito avasallador, el prejuicio llevado al extremo dividió las opiniones alrededor del mundo: ya fuera por su misoginia exacerbada, duro antisemitismo ó inquebrantable homofobia, la traslúcida línea que separa la comedia de la burla ofensiva terminó por evaporarse. Para Sacha Baron Cohen, quien encarna al polémico personaje de ficción, además de ganancias millonarias obtuvo una legión no menos numerosa de opositores dispuestos a exigir, por lo menos, una disculpa pública.


Quizá los más agraviados por la irreverencia cómica del simpático kazajo fueron los pobladores de la humilde y remota aldea rumana de Glod, quienes se sintieron como los hazme reír de todo el mundo una vez que apreciaron el resultado final de las grabaciones. Y no es para menos, que la secuencia inicial muestra una villa habitada por personas apenas civilizadas, incestuosas y criminales. La sensación que prevalece en cada uno de los 1670 habitantes de Glod es de engaño. El curso de la demanda legal en contra del actor británico y la compañía 20th Century Fox fue recopilada por el productor Pieter Van Huystee y la directora Mercedes Stalenhoef en el documental When borat came to town, transmitido el 27 de octubre de 2008 a través del canal BBC Four.


Los acontecimientos giran en torno a Ionela Carmen, joven rumana de 17 años que añora con escapar hacia una vida exótica en España, pero sus padres tienen planes muy distintos para ella: debe encontrar marido, casarse y tener un hijo. Así define su situación y la realidad que le rodea: "Glod es un pueblo terrible, nunca ocurre nada nuevo. No comprendo por qué Borat vino a filmar aquí, un lugar que no es hermoso para nada". Su padre, Ion Ciorobea, sueña con mejorar la situación de su comunidad una vez que la suma prometida, resultado de la demanda legal, esté a disposición del pueblo.

La cámara da cuenta de la marginación que abarca cada rincón del sitio: cada tres puertas una cantina, la energía eléctrica apenas maquilla la ausencia de agua corriente y de una biblioteca pública; cer - ve - za son las tres sílabas que regulan los costos y beneficios de apuestas sin sentido, el enemigo común es todo aquél que pretenda grabarlos sin ofrecerles dinero o licor a cambio. Tal parece que Carmen no está muy equivocada, es mucho mejor marcharse y olvidarse de estas tierras.


Si el aprendizaje cultural de América para beneficio de la gloriosa nación de Kazajstán hundió a la comunidad gitana en la vergüenza mundial, el segundo viaje a occidente, aunque más prometedor, avizora una serie de tropiezos, sin mencionar que la travesía corre por cuenta de abogados, ¡ya no se sabe qué es peor! La pequeña tropa de avanzada la conforma Nicolae Staicu, miembro del Concejo Municipal, Ion Ciorobea, padre de Carmen y Spiridon Ciorobea, el ginecólogo abortista según Borat.

La prensa cubre la histórica visita de los rumanos a las oficinas centrales de la FOX en Londres, Inglaterra. La situación es clara, a cada extra que apareció en la película se le pagó el equivalente a 3 euros, con la aclaración de que se trataba de un documental y no de una ficción, de ahí lo complejo del asunto ya que Borat se trata más bien de un género híbrido sin precedentes. El reclamo es que Baron Cohen recaudó una fortuna con la exhibición de la cinta, cantidad que contrasta con la miseria ofrecida a los gitanos además del engaño en cuanto al género tratado.


Antes de su regreso a Rumania les preguntan sobre la posibilidad de filmar una segunda parte, y si el dinero lo representa todo, a lo que Nicolae responde: "Si nos pagan por la primera que hicieron, sí, porque nuestra comunidad no cuenta con las posibilidades para una vida normal. Necesitamos dinero".

Un documental que tardará un buen rato en transmitirse por estos lares, sin embargo es posible descargarlo desde varias fuentes gracias a Google todo poderoso. Si se doblaron de la risa con el Kazajo impertinente (como yo), no está de más conocer el otro lado de la moneda. Para mí, el trabajo de Baron Cohen es un gran acierto, un triunfo de la crítica social, un humor inteligente que explota el recurso de la cámara escondida pero que no sucumbe ante el lugar común del pastelazo, arcaico soso y de mal gusto.


Después de haber visto When Borat came to town no sé si pueda ver de la misma forma el comienzo de Borat, como que el documental hace que te involucres más con quienes aparecen en la secuencia, no sé. En efecto, tampoco va a cambiar mi opinión respecto al gran logro que la película representa. El caso no está cerrado y no dudo que volvamos tener noticias al respecto. En concreto Homero Simpson tiene razón: "Para mentir se necesita de dos personas, una que mienta y otra que crea". Lo absurdo no son las intervenciones de Borat, sino la credulidad de las personas ante su comportamiento fuera de lo común. ¡Chen Qui!

1 comentarios:

Demon dijo...

Pués a mí lo único que me gustó de Borat fué la canción de Born To Be Wild versión de Fanfare Ciocarlia, que es realmente pegajosa (además recomiendo ampliamente la discografía de Fanfare Ciocarlia a aquellos que les guste el World Music), quien sabe, igual Borat venga a hacer un reportaje en México, sería cagado.